domingo, 30 de septiembre de 2018

Sobre Leer

Recientemente leí en redes sociales a un grupo de personas que defendían a un escritor y crítico de ciertos ataques que recibió a partir de lo que decía en el título de una entrevista; aparentemente sin haberse tomado el trabajo de leerla. La figura pública era Alan Pauls y de lo que era juzgado era de descreer del lenguaje inclusivo. 
Me tomé la molestia de leer lo que fue una muy interesante entrevista. La temática de género fue abordada muy tangencialmente y por iniciativa del entrevistador. En cambio, me despertó muchas inquietudes cierto fragmento donde Pauls hablaba sobre la acción de leer en este siglo. Opino que el corazón de la entrevista circunda por esta temática. La elección del encabezado, por supuesto, buscaba generar algún tipo de polémica que atraiga más lecturas y o trascendencia. Pauls fue muy dócil en abordar sin problemas la idea de que el lenguaje inclusivo le era aberrante. 
Si me permiten, voy a detenerme en el otro fragmento. 
El entrevistador menciona que la lectura está siendo dejada a un lado por la tecnología. Pauls responde que por lo contrario uno efectúa hoy en día, la acción de leer en muchos más contextos de lo que se imagina. Desbordando completamente la acción más propiamente dicha de la lectura en papel. Por lo contrario, afirma, estamos leyendo mucho más que en otras ocasiones. Leyendo publicidades, redes sociales, noticias, etc. Lo que sí, afirma, es que se ha perdido cierto compromiso con la lectura; Apunta que el fenómeno de la tecnología es el de estar haciendo varias cosas a la vez, que una tape a la otra y que todo corra por un nivel superficial. 
Por supuesto que lo que estoy haciendo acá es una reducción muy injusta. Sin embargo tomo esto de puntapié para reflexionar. Dejo el link de la nota (https://www.infobae.com/cultura/2018/09/29/alan-pauls-no-soporto-el-lenguaje-inclusivo-van-a-pasar-sobre-mi-cadaver-antes-de-que-yo-diga-todes/) para quienes les interese indagar en la fuente. Voy a tomar, sobre todo, esta idea de la lectura como actividad intelectual, que no se suscribe únicamente a los márgenes del papel sino a cualquier posible lenguaje.
Lo que me propuse hacer, sobre todo, es mencionar distintas formas que entiendo de lectura, a partir de lo que conocemos como más convencional y enfrentarme a qué sucede cuando lo llevamos a otros lenguajes, o viceversa. Borges se definía asimismo no como un excelente escritor, sino como un ávido y estupendo lector. Por mi parte yo que realicé con mucho empeño esa tarea, nunca me pude sentir identificado con esa declaración de falsa humildad. Quizás porque no considero una actividad sobre la otra. Quiero que estas reflexiones me ayuden a sentirme un poco mejor con mis lecturas.

Primera Lectura: La lectura comprometida.
Tomando de referencia esta idea de Pauls, El compromiso acá yo lo divido en dos. Primero en una decisión consciente de iniciar un ritual o proceso de inmersión en lo que se lee. En búsqueda de encontrar algo fuera de uno, de hacer pasar el tiempo de una forma distinta. Se la realiza con la intención de empezar desde el principio y terminar por el final. Pasando por cada elemento dispuesto para ser leído. Cuando esto no ocurre hay una ruptura, un quiebre, que nos hace ruido. Nos indignamos con el material porque el compromiso no fue correspondido. De acá saco mi segunda idea detrás del compromiso. La palabra compromiso viene etimológicamente de tener una promesa "con". Promesa viene,  a su vez, de arrojarse hacia adelante. La cuestión sobre el futuro y de entablar un "con", una alianza, creo que está saldada. Lo que me interesa es la cuestión de arrojarse, de perderse, de mezclarse. Hay, en todo eso, una vulnerabilidad, una disposición de apertura para con el texto a leer. 
En mi opinión, poco tiene que ver esta forma de lectura con una actividad racional. La idea más cercana en el imaginario popular a la lectura es el entendimiento o la comprensión. Me parece contradictorio arrojarse, perderse en algo y al mismo tiempo analizarlo, conceptualizarlo. Para eso hay que estar fuera de la cosa. Sí, podemos llevarnos encima algo de lo que leímos y sentir como las cosas por su propio peso se van acomodando dentro nuestro y formando ideas y conceptos sin que tengamos que "meter mano" conscientemente. 
Por eso, quizás es que siempre me costó sentirme "buen" lector.  Porque como perfecto lector comprometido, tiendo más a embriagarme e ir entrando en un fluir con lo que leo más que en un estado de vigilia disciplinada que lee letra por letra, intelectualizando cada sintagma. Creo que esto tampoco es un ejemplo que quiera recomendar. 

Segunda Lectura: La lectura desovillante.
Creo que esta es la que tiene mejor prensa. La lectura del entendimiento profundo. El famoso "entrelineas". De la que uno se puede jactar. Es, en realidad, el repaso. El descubrimiento. Ir y venir y detenerse. Implica revisar las capas del texto y encontrar hitos de intención o de sentido, detrás de la forma y el contenido. Es soltar la energía que une a los átomos. Es una lectura técnica, lenta, costosa, hasta aburrida. Pero es tranquilizante. Esto funciona tanto a favor como en contra.
En mi opinión, esta lectura sirve sobre todo, para que nos expliquemos qué nos pasó en esa otra primera lectura. Así sí puede generar tanto placer como una lectura comprometida. Cuando descubrimos un secreto acechante, una maniobra de presdigitación. Y cuando queda algo abierto. Si logramos desmenuzar todo lo que está por detrás (si es que es posible) nos vamos a desilusionar. Hago una pequeña aclaración personal en torno a esta lectura. 
En apariencia, es una lectura con ribetes de ciencia exacta. Pero algunos "no tan buenos lectores" a los que me agrego, a veces arriesgamos ideas detrás de las cosas sin una clausura evidente. Como si la cosa estuviera hecha por la mitad. Para nada quiero recomendar esta práctica ya que genera mucho malestar.

Tercera Lectura: El ojeo. 
Esta es la lectura que más aparece en este siglo.  Es tomar la cosa a la distancia, de forma azarosa, promiscua. Comparte con la lectura comprometida cierta soltura para dejar pasar lo que está en frente sin mucho detenimiento. Comparte con la lectura desovillante cierto juicio o forma de cerrar sentido. Aunque con poca información. Al parecer tiene una mezcla de elementos que la hace una lectura infértil, que no lleva más que a la no-lectura. Pero, sorprendentemente, es necesaria. ¿Es necesaria?
En mi opinión, esta debería ser la lectura de la búsqueda. Nos tiene que servir únicamente para tomar decisiones. No para descansar. Nuestro cerebro necesita descansar. ¿Por qué? Porque tiene demasiada información delante de sus ojos y no puede procesarla toda. Es, sosteniendo la idea de Pauls, imposible no estar leyendo constantemente. Leer por encima un poco de esto y un poco de aquello es la mejor forma de descansar que tenemos. El error está en creer que porque ojeamos no estamos ingiriendo. Por lo contrario vamos acumulando y acumulando lecturas e ideas que se nos pega al cerebro como la grasa a las arterias. Si ojeamos como un perro huele, buscando algo que nos dispare una alarma; luego leeremos algo que nos llene y nos permite gastar el tiempo de la lectura en tiempo sagrado. Y nos cansaremos menos. 
Por suerte no me considero un ojeador compulsivo. O por lo menos, no por encima de la norma. Cuando se sabe ojear bien, se ojea muy poco.

Cuarta Lectura: La lectura irónica.
Esta lectura, a la inversa de la desovillante, es la lectura vergonzosa. Es la lectura del no compromiso. En apariencia. La risa es uno de los mecanismo que tiene el cuerpo para liberar tensión. En la lectura irónica la tensión se produce por una atracción que produce la cosa al lector en contradicción con la idea a priori de que no es una lectura atractiva o "bien vista". Es un lectura arrojada, dónde desaparecen los márgenes temporales, donde no participa lo racional; pero en la que no desaparece del todo nunca el ego. Una especie de lectura comprometida que "entiende" lo suficiente para privarse de una posible y futura lectura desovillante. Parece también una lectora infértil. Pero es necesaria. ¿Por qué? Porque no existe ser sin prejuicios y la lectura irónica es uno de los pasos necesarios para romperlos. Visto de esta forma es la lectura que más abre puertas. 
En mi opinión el problema es la lectura irónica sostenida. Sobre todo porque se ubica en un lugar de comodidad y distancia como "si la cosa no le hiciera efecto" y nada más lejano. Si leemos nos transformamos. En el durante o en el después. Porque todo queda adentro y por más chiquito se acumula. Mejor elegir y estar abierto y atento al cambio.
Me declaro un pésimo lector irónico. No resisto enfrentarme a mis prejuicios ni de forma hilarante. Prefiero no tenerlos o dejarlos a un costado, negados, olvidados (y peligrosos).

Por ahora me quedo en estas formas de lecturas. Estoy seguro que puedo seguir ampliando el repertorio y de momento lo haré.
Como cierre quiero agregar un párrafo hablando sobre la escritura. Otra de las actividades de las que algunos se creen inmunes y que, al igual que la lectura, funciona de forma constante en nuestras vidas. Así como no solo leemos cuentos, novelas, ensayos sino también, noticias, mensajes de texto , posteos por un lado y también, películas, programas de radio, pinturas, música; y por otro lado también personas, paisajes, el clima; nos pasa cuando nos comunicamos. No voy a detenerme en hacer otra disección en torno a la escritura pero si traer a flote algo que está larvado en esta búsqueda. 
Yo encontré en la escritura algo que muchos buenos lectores encuentran en la lectura: La capacidad de olvidarme de mí, entonces hablar de mí y así descubrir algo. Honestamente, eso es lo que espero que suceda deteniéndome en esto.






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