Benito tiene una daga, un cuchillo para abrir
cartas. Juega con él con la punta en la yema de
su dedo índice. Bridgite está sentada en la mesa
frente a una máquina de escribir.
BENITO
A ver, leame, Bridgite.
BRIDGITE
(Con los anteojos en la punta de la
nariz)
En esta misiva quiero explayarme yo de forma...
BENITO
La última parte, por favor, Bridgite.
BRIDGITE
Razones para perpetrar el acto: No es, mi mujer,
mujer de quehaceres hogareños; en ciertas ocasiones
sociales...
BENITO
La ultimísima parte, Bridgite.
BRIDGITE
Durante el orgasmo produce un sonido...
BENITO
Correcto, el sonido. Bueno. Punto y a parte del final
de esa oración.
(Bidgite con torpeza logra acomodar la
máquina de escribir)
Que agradecida debes estar Bridgite que te hayamos
dado la capacidad de escribir.
(Bridgite escribe eso)
No le dí la indicación de que tipee eso último,
no es cierto?
(Bridgite hace no con la cabeza)
Cambie de hoja, entonces, comenzaré una nueva parte.
La más importante de esta carta.
(Bridgite sin agilidad hace el cambio
de hoja. Cuando termina se muestra
solícita para seguir escribiendo.)
Está lista? No, no ponga eso. Comenzaré a dictarle
ahora... Ahora mismo.
(Benito deja pasar unos segundos y se
prepara)
Por todo esto y quizás algunas otras indiscreciones
que preferí callar es que me preparo para perpetrar
el acto de justicia que convierta el ser humano en
recuerdo e idea. En un hermoso retrato de pared que
jamás se desmejorará. El cariño y respeto que tendrán
sus allegados y queridos me darán la razón. Veo, con
claridad, que este acto puede llegar a prevenir un
futuro de desidia y malestar. Una situación de lo
menos agradable. Sobre todo por tener ahora la
conciencia de que será como efectivamente será. Jamás
viviré tranquilo con la idea rondando en la cabeza de
que pude haberla liberado de ese nuevo ser. Me doy
libertades propias de los dioses, es cierto. Pero
sería el más vil de los mortales si no jalo de un
brazo asomando de un pozo por tenerle demasiado
respeto a la vida. Es deber del bienhechor actuar
cuando se es llamado a la tarea y a la verdad. No
importa el coste. Es verdad, estoy hundido en el
mayor de los sufrimientos, en el más agotador llanto.
La procesión interna es interminable.
(Bridgite gira la cabeza a detenerse
el rostro de Benito)
Me siento atravesando un laberinto del que no puedo
salir más que enfrentando ese gigante minotauro. Y
ya, pasado algo, no mucho, de tiempo, me decidí a
darle fin a este mareo. Este vertigo. Dios me ha
bendecido con todas las señales necesarias para que
me sea un sacrilegio imperdonable mirar hacía otro
lado. No estoy hecho de cobardía, no me interesa
buscar felicidad o el lado luminoso de esto. Cuando
la imagen de quién amo está puesto en riesgo y
depende de mi accionar discreto y seguro para
protegerla. Volverla de luminosa inmortalidad. Dejaré
hasta la última gota de mi sangre en la tierra para
que nadie pueda jamás en vida, manchar el nombre de
Marina Cavalcanti. Firmo yo: Benito Reitz. Por favor
Bridgite leame todo de vuelta.
BRIDGITE
(Rueda la hoja y la hojea
detenidamente. Mira a Benito y con la
cabeza le señala el largo de lo
escrito, Benito asiente con la cabeza)
Por todo eso y quizás algunas otras indiscreciones
que preferí callar es que me preparo para perpetrar
el acto de justicia que convertirá el ser humano en
recuerdo e idea.
(Bridgite se detiene)
BENITO
Continúe. Muy bien.
BRIDGITE
En un hermoso retrato de pared que jamás se
desmejorará. El cariño y respeto que tiene y
sostendrán sus allegados y queridos me darán la
razón. Veo con claridad, que este acto puede llegar a
prevenir un futuro de abandono y malestar. Sobre todo
por saber que he tenido la conciencia hoy de que así
sería efectivamente.
BENITO
Qué bien suena. Continúe, Bridgite, continúe.
BRIDGITE
Jamás podré vivir con la idea rondando en mi cabeza
de que pude haberla liberado de ese nuevo ser a
tiempo.
BENITO
Ahora lo de los dioses.
BRIDGITE
Es cierto, me doy libertades propias de los dioses.
Pero sería el más vil de los mortales si no jalo de
un brazo asomando de un pozo por tenerle demasiado
respeto a la muerte. Es deber del bienhechor actuar
cuando es llamado a la tarea y nunca faltarle a la
verdad.
BENITO
Nunca faltarle a la verdad.
BRIDGITE
No importa el coste. No importa si lentamente me
hundo en el calvario, el dolor más profundo que pueda
uno tener; no es mi elección este sulfurante llanto
que mana de mis ojos. No buscaré un rápido fin a esta
procesión interna. Atravieso un colosal laberinto del
que no puedo salir más que enfrentándome a su
minotaurio guardián. No pasó, ni pasará gran tiempo
para que decida ponerle fin a este mareo. Este
vértigo. Dios me ha bendecido con todas las señales
necesarias para que me sea un sacrilegio imperdonable
mirar hacía otro lado. No estoy hecho de cobardía, no
me interesa buscar felicidad o el lado luminoso de
esto. Cuando la imagen de quién amo está puesta en
riesgo y depende de mi accionar discreto y seguro
para protegerla. Volverla de luminosa inmortalidad.
Dejaré hasta la última gota de mi sangre en la tierra
para que nadie pueda jamás, manchar el nombre
de la Señora Marina Cavalcanti de Reitz. Punto final.
BENITO
Punto final, Bridgite. Así es. Punto final.
(Bridgite se para. Benito le saca las
hojas de la mano)
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