martes, 22 de enero de 2013

The Girl With The Dragon Tatoo por David Fincher


Ya desde el comienzo debo reconocer dos victorias y una derrota en este film. Las dos primeras tienen que ver con, realizar una adaptación de una novela de aproximadamente 500 páginas en un solo film con una trama que no maree (teniendo en cuenta tantos nombres y posibilidades), y, a la vez, trazar una película de dos horas y media sin generar bostezos o desinterés son tareas nada fáciles. La derrota tiene que ver básicamente con que las dos primeras victorias ya habían sido generadas (quizás ligeramente desmejoradas a nivel técnico pero con un gasto de 80 palos menos) por una versión original sueca y esta remake, quizás, solo cumple la función de generar una película que tenga más llegada al público habla sajón que no está acostumbrado a leer, ver imágenes y pensar, y a otras personas que solo ven cine hollywoodense.

Entonces es preciso ahora señalar que es lo que consiguieron esos 80 millones de dólares adicionales que fueron invertidos en esta re-versión. En primera instancia, el director, el potente Fincher, necesario para esa historia fría, de basura debajo de la alfombra, de cerebros ligeramente corridos en valores. En segunda instancia su equipo: el arte, la fotografía, el guion y, lo más importante, el dos veces premiado montaje.  Todos generaron la atmosfera, el ritmo y la intensidad necesaria para que la película funcione. Pero sin más que eso a nivel artístico: funciona. Luego y como final, debía subir una apuesta muy alta a nivel de interpretación. Daniel Craig y el resto del reparto le daban el poder comercial que necesitaba. Pero también debían estar a la altura de unos geniales actores suecos. No tengo, en realidad, autoridad para comparar, sí para volver a determinar que los actores cumplieron, tuvieron química entre ellos e hicieron dos personajes poco convencionales (quizás solo el de Salander) creíbles.
Es raro, ahora entiendo, encontrar una crítica que hable de la trama o del valor argumentativo de una adaptación de una adaptación. Sin embargo me gustaría resaltar ciertos rasgos distintivos, a mi gusto. Primero el cifrado al estilo siglo XXI de un policial  clásico. Con un personaje sobrenatural escindido en dos seres humanos pero, como en toda obra posmoderna, cargados de complejidad (quizás solo Salander). Luego la habitación hermética que es una isla; el villano menos esperado, siempre cercano a la investigación. El revés final que convierte lo sobrenatural en verosímil.
Otro rasgo distintivo es el retrato de la sociedad fría escandinava. El contraste con el estereotipado nazismo. Los familiares nazis no hacen sociales porque son transparentes. Ves lo que son. No es justificable pero sí más entendible que el otro extremo de la familia, que esconde sus traumas y deshumanidades en una careta cálida.
El fuego, poco participe aún en la historia pero que define a la protagonista y acaba con el villano. Debería, en mi gusto, haber habido un guiño más para esta no coincidencia.
Después, volviendo a la complejidad aparentemente necesaria de los personajes, que bajo mi punto de vista no significó profundidad. De Blomqvist poco hay que acotar más que es un moral periodista que no termina de satisfacer su vida personal por hacer el bien. Podríamos haber visto (quizás en otra película donde no haya que resolver un enigma de 40 años de antigüedad) esa dolencia de un modo más “francés”. En cambio, con Salander, pasamos todo un proceso de configuración del personaje que nos demuestra a una niña que tiene constantemente en su camino traumas pero que estos mismos la hacen quien es: versátil, omnipotente, antisocial y fría. No conocemos hasta un blando final por qué sigue siendo una niña protegida a los 23. Ni sufrimos su condición hasta que este atada y con un gordo encima. Puede esto que ver con una elección argumentativa. No tengo, de nuevo, la autoridad para justificarlo o refutarlo. Pero es notoria esta ausencia.
Concluyendo, encontré una película que cumple con un desafío poco sencillo de una forma satisfactoria. Pero quizás abarca demasiado y produce no tanto. Por lo pronto se suma al catalogo de películas que definen a su director y lo afaman. Entonces, pensándolo bien, es una película que sirve a todos sus componentes (habla bien del montaje, la fotografía, el guion, las interpretaciones) y los componentes logran su cometido. Sin embargo que la suma de estos no potencian el resultado.
Satisface un 7.

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