El neo-noir
es un cine posmoderno que recibe la influencia de este movimiento artístico
hollywoodense (En mi opinión la mejor etapa de esta fuente productora de
cine). El género de ex convicto es parte
del neo-noir. En el film noir un ser de carne y hueso se ve involuntariamente
involucrado en una cadena de sucesos que lo arrastran en una trama criminal y
lo exponen a riesgos de los que aparentemente no estaba preparado pero que
resuelve satisfactoriamente. En este género de neo-noir el protagonista no es
un simple ciudadano sino un criminal que tiene bien en claro toda la cultura
del inframundo, pero a la inversa, lo que busca es despegarse del estigma y el
entorno mientras este lo absorbe nuevamente. En el Noir siempre hay una femme
fatale una mujer que lo empuja a involucrarse en la trama, que le sirve de
móvil pero que termina siendo su perdición y nunca será el paraíso que prometía
sino lo contrario. En el drama de quien sale de la cárcel, esta femme fatale
suele ser la ex mujer, la que lo moviliza a limpiarse para recuperarla. Un Oso
Rojo es una película que como buen cine posmoderno lo que hace constantemente
es despegarse de los parámetros del género. Aunque este sea la evolución de un
género clásico.
En esta
película argentina se pueden entender dos facetas o dos películas. Un drama
familiar, con una cámara en mano crónica en el cine argento, con
interpretaciones pesadas y profundas, con golpes bajos. Y a la vez una película
de acción típica con montajes cortos, con capacidades sobrenaturales para matar
montones de tipos, con poca repercusión policial (siempre después de un tiroteo
de quince minutos sale caminando).
Significa
en mi opinión un triunfo que el guion escape los estigmas clásicos de lo que se
espera de la película, pero a la vez, entiendo que este clima no está
apropiadamente justificado.
El
protagonista, es un oso. No es cualquier oso, es un oso rojo. Eternamente
manchado en sangre. Esto no lo entendemos en profundidad pero lo vemos. Nos
muestra de una forma obvia, la película, de una forma casi yanqui que el
personaje le hace mejor a su familia estando lejos que cerca. Entendemos que el
oso tiene una condición de violento inmanente que no podrá quitarse nunca. Pero
no tenemos las pruebas. Lo vamos a acompañar a redimirse, a demostrar que lo
que hace lo hace por amor de la forma que sabe. Pero nunca lo vimos intentar
otra cosa y fallar o las razones por las que nunca lo intentó. Esto hubiera
justificado la unión de los dos géneros en la misma película, de hecho, le hubiera
dado a las escenas de tiros un condimento dramático fuertísimo. El hombre está
obligado a matar, ya no lo racionaliza, simplemente lo hace, pero por dentro
esto es una puja, es una condición superadora, su destino. Luego entenderemos que la venganza también es
parte de su fisionomía, es una necesidad de descarga. Todo esto se puede llegar
a leer. Pero de una forma muy rebuscada. En lo aparente, es una película
argentina que muestra un inframundo menos sacado a la luz según algunas
críticas. (Yo como constante consumidor de producciones argentinas no tengo esa
sensación sino más bien lo contrario. Ese mundo tiene una potencia dramática
muy alta y es fielmente explotado). Una película que tiene maravillosas
interpretaciones. Pero también una película que se escapa a veces de su
verosímil y nos muestra, dentro del cine nacional (cosa poco frecuente),
excelentes escenas de acción, bien filmadas. Pero que no se acomodan al resto
de la película.
Le disparo
un 6.
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