Gattica, el
mono es el tipo de película argentina escondida que todos nos preguntamos por
qué no se hacía. No porque la historia del boxeador sea tan popular sino porque
una y otra vez vemos producciones nacionales de perfil bajo, sin grandes pretensiones
estéticas, escudadas en que con suerte se recupera la plata de la inversión. Si
se va a hacer cine, entonces, sin fines comerciales, háganse las películas que
se quieran hacer. Por eso es que persistía en mí la duda de por qué a nadie le
surgía la intención de hacer una película con mística; con buenos enfoques de
cámara, buscando la inmortalidad. Esto no implica que bajo mi punto de vista
esta sea la película mejor concebida, ni nada por el estilo. Pero el comienzo
de esta película argentina, ambientada, bien retratada, me hizo evocar a las
mejores tomas de Once Upon a Time in America o del Padrino, efecto que no se me
había producido jamás, inexplicablemente.
Gattica, el
mono, es una película que recoge toda la mitología y hitos de la vida de un
personaje público, los conjuga inexorablemente con la historia del país y los
retrata de forma icónica. Logra una película con grandes aires pero que bajo mi
punto de vista (lo acepto, único) tiene grandes fallos en algunas áreas que
quizás, incluso, no obstruyen la posibilidad de disfrutarla como una película de
culto, sí como un material más ameno y público. Teniendo en cuenta que no es un
propuesta hermética, por lo que su factor Indie recae simplemente en la
importancia de su director, la factura técnica y, por sobre todo, en su
exagerada duración.
Tenemos
entonces una película con una excelente fotografía. Con tomas bien pensadas,
una cámara que se mueve lentamente dándole aires de misticismo a lo que
retrata. Una iluminación ejemplar que enfatiza artísticamente sin perder la
intención de sombrío del escenario en cuento se presenta la violencia en escena
o la pobreza. Un trabajo de ralentis, fast forward y efectos sonoros que le daban a
las escenas de peleas un toque impactante (quizás bastante inferior y parecido
al de Ragging Bull pero bien realizado sin embargo) y por último, en lo
positivo, un vestuario y escenografía ejemplar.
Sin embargo
esto viene acarreado a un, bajo mi punto de vista guion pésimo, que no
encuentra ritmo. La película atrae por su propuesta artística pero no existe
una conexión entre todo lo que se muestra más que ser la vida de un ser humano.
No se nota evolución o modificación en los personajes. Se usa muy notoriamente
el recurso de la elipsis y sin embargo me da la impresión de que vemos más de
lo que se nos debería ser mostrado. Completando
con una inexistencia completa de suspense. Se basa el guion básica y
completamente en el relato verídico y mistificado.
Por otro
lado, y siendo ya una constante en el cine, podré decir mundial, un sonido que
espanta. No acompaña, está desincronizado, no complementa lo visual, por más
que traiga consigo una excelente musicalización que refuerza lo dramático.
Y por
último, bajo mi punto de vista, siento que la interpretación principal no
aporta nada a nivel dramático. Me es imposible definirla en cuanto a lo
verídico ya que no conozco salvo de nombre la personalidad retratada sin
embargo en cuanto a entender la representación de forma orgánica dentro del
relato, yo la encuentro inconexa. Como si el actor se esforzara en marcar el
comportamiento del personaje y oficiar
sus sentimientos sin interactuar con el entorno o generar tensión o evolución
dramática. Repitiendo una y otra vez gestos emblemáticos pero que no coinciden
con la propuesta de la escena.
Finalmente
quiero recalcar que me es llamativo encontrar una biografía de un boxeador que
no haya golpeado crónicamente a sus mujeres.
Le cruzo un
7.
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