sábado, 26 de enero de 2013

It's My Party and I Cry If I Want To


“Los cineastas harán del documental el lugar de una toma de conciencia del mundo, de sus múltiples niveles de realidad, de una forma que ni las actualidades, demasiado elípticas, ni la ficción, demasiado artificial, los presentan a los espectadores.
Unos consideran a la cámara como un dispositivo de percepción que los aproxima a una experiencia poética del mundo. Otros la convierten en una vigilante herramienta de observación social. Y otros, por último, ven en ella el medio de alcanzar experimentalmente nuevas figuraciones. Todo esto viene a menudo acompañado de un compromiso político. Lo que está en juego no es poco, porque se trata de llegar a un público a priori ganado por la fábrica de sueños.”
Luego de esta paráfrasis voy a hablarles de dos documentales que como todo el género documental están casi diametralmente resumidos en estos dos párrafos y que sin embargo no tienen en lo más característico, entre ellos, nada que ver, aunque sí de una forma más superficial. Uno, francés, del que no tengo más que elogios; el otro, argentino, del que quizás yo pueda acarrear una visión polémica. Estoy hablando de Las Playas de Agnes (Varda) y El Rati Horror Show de Piñeyro.
En lo que coinciden maravillosamente estos dos documentales, además del género, es que los autores generan un relato oral en primera persona, convirtiéndose los mimados protagonistas de sus obras y usando, a parte, numerosos recursos técnicos o artísticos para además de relatar la historia de una forma satisfactoria, también entretienen y generan una experiencia muy llevadera; casi cumpliéndose a sí mismos sus sueños narcisistas.
La película de la francesa, pionera de la Nouvelle Vague, es su biografía pero narrada de la forma menos “documentalista”. En vez de ser un conjunto de datos o hitos de su vida, marcados por la precisión geográfica y cronológica, y enmarcados en un contexto histórico; la película es un collage de recuerdos traducidos en expresiones artísticas puras, recortes de su filmografía y experimentos fotográficos (como si fuera una joven insolente con toda su carrera por delante). Agnes (antes belga y llamada Arlette) nos está constantemente moldeando la puesta en escena. Comienza describiéndose como una pequeña anciana (tiene más de 80 años) aunque a penas podamos distinguir diferencia en su apariencia actual y de cuando tenía apenas 20 o 30 años. Y también nos enseña que el interior de cada ser humano puede ser retratado con un paisaje: el de ella sería una playa. Por eso es que toda la película tendrá como punto de partida, por lo menos, dos escenarios: una playa, siempre decorada, perfeccionada, de acuerdo al recuerdo que vayamos a visitar (Con espejos, una ballena, gente desnuda haciendo chanchadas, etc) o el pequeño patio de su casa que incontables veces le sirvió de set de filmación y esta no sería la excepción. Entonces irá revisitando en forma irregular momentos de su vida y los sentimientos que ellos le afloran, pero no contentándose solo con la imagen de archivo o su simple relato sino también haciéndolos convivir con su relación con el presente. Ya sea haciendo ver a los hijos de unos pueblerinos que le habían servido de extras en una de sus primeras películas la película de sus padres pero empujando una carretilla, poniéndose en ridículo a sí misma estacionando un pequeño auto de cartón rememorando una de sus casas, haciendo vestir y actuar a niñas de la forma en que ella lo hacía años atrás o, entre innumerables imágenes, haciendo un plano de dos personas desnudas en el patio de su morada; acción que le costará la censura en algunos lados. Como ven, lo que se torna una costumbre en esta experiencia es hacer interactuar el pasado y el presente mediante un filtro artístico constante que hace pasar dos horas de documental sin notarlos. Agnes logró hacer del documental el lugar de toma de conciencia de su historia personal en varios niveles de una forma que ni la simple entrevista o su propia obra de ficción la presentan. Considerando a la cámara como el instrumento para plasmar su forma poética de ver el mundo. Sin dejar de lado su costado feminista y que la acompañó en las revoluciones cubanas y rusa, y alcanzando experimentalmente nuevas figuraciones. Nada que deberle al público ganado por la fábrica de sueños que ella misma domesticó.
Del otro documental tengo una visión un tanto extrema. Piñeyro va a hacer del documental el lugar de una toma de conciencia del mundo, de sus múltiples niveles de realidad, contrariando explícitamente a la actualidad, elíptica, amarillista e inexacta y la ficción, demasiado esquiva. Va a convertir a la cámara y el archivo en una herramienta de observación social y de experimentación, transformándola en la protagonista de un acérrimo activismo político. Llegando al público ganado por la fábrica de los sueños.  Pero, según mi punto de vista, lo que hace Piñeyro en este caso, NO ES ARTE.
Basándome específicamente en la concepción que tiene Oscar Wilde de arte (Leer prologo de Dorian Grey en post más abajo) y teniendo en cuenta que por más que haya subjetividad no hay belleza, esa es mi estimación de este trabajo.  Que lo entiendo como un producto de un alto nivel técnico, que consigue el cometido de inculcar su mensaje político, llevar a cabo una investigación meticulosa de un caso de injusticia y hacer pública las fallas del fallo, y, por sobre todo, generar una experiencia audiovisual llevadera utilizando recursos técnicos variados (y también algunos teatrales).
Quizás estoy cayendo en la trampa fácil del documental que luce desalineado, mostrando los equipos y los realizadores, que tiene un discurso crudo, una imagen descuidada y formateada de una forma muy cotidiana. Sin embargo, a lo que voy es al objetivo de la narrativa, no solo a las formas. Y realmente, me parece destacable que busque la efectividad como agente de cambio. Pero esta falta de ambigüedad, si se quiere, de simbolismo o de poética es quizás lo que lo termina definiendo fuera del conjunto artístico.
Sin embargo, esto, espero no sirva para degradarlo, sino para redefinirlo y conjugarlo con otros productos similares.


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