lunes, 28 de enero de 2013

Amadeus por Milos Forman



(Leer con la música de fondo) Milos Forman, director canadiense decide, conjunto a su amigo productor Saul Zaentz, con quien ya había trabajado exitosamente antes en One Flew over the Cuckoo’s Nest,  adaptar la obra de teatro ganadora del Tony a mejor obra de Peter Shaffer. Entre sus modificaciones se habla de darle un papel más relevante (Quizás modificar el protagonismo a nivel general en el guion) a Salieri e integrar completamente la música a la narrativa de la película. Para la fotografía se decidió filmar absolutamente toda la totalidad de la película con luz natural manipulándola para generar los tonos deseados en cada ocasión y el montaje es preciso e invisible. Sin embargo, cualquier espectador común que asista a disfrutar de la película en un cine o vea el recuperado corte del director 18 años después sería incapaz de notar su pasado teatral y esto es, precisamente, porque la adaptación se logra de forma perfecta integrando el guion cinematográfico con una dirección orgánica que utiliza todos los componentes para complementarlos y no adicionarlos como capas uno sobre otro.
Voy a tener que ser sincero desde casi el comienzo de esta crítica con ustedes, en mi opinión, esta película roza la perfección. De tal forma es acertado el tipo de relato, marcado por el Flashback, que tiñe todo de emoción y le da un toque surreal u onírico a lo que presenciamos ya que es el fogoso recuerdo de un, quizás, lunático que, a la vez conjuga las imágenes, con sus presentes conclusiones. Y de tal forma el sonido se integra y es parte central en la historia que podría argumentar que todo su conjunto es casi diegético ya que nos traduce, la mayoría del tiempo, lo que fluye en la cabeza del joven genio o de su celoso y rencoroso admirador. Por otro lado, el vestuario, el maquillaje, la fotografía, las locaciones praguense que evocan completamente a la Viena post medieval, están a tono. Desarrollados todos en su plenitud y sin embargo, sin sacarle protagonismo ni desorientando de lo que nos debe atraer, todo lo contrario, potenciándolo. Es común que ciertas películas beneficien uno u otro aspecto de su propuesta artística y que luego eso los confluya como mayores candidatos a recibir galardones por sus potenciaciones. En mi opinión esto no tiene por qué ser siempre cierto ya que se debe tomar el papel que juega cada etapa de la narración en su conjunto. Es por eso que a pesar de ser una historia centrada lógicamente en lo sonoro, Amadeus, recibió 8 merecidos Oscar por toda su factura artística.  Entre ellos están incluidos dos nominaciones a mejor papel protagónico (algo inaudito aunque no único) que lamentablemente uno de los dos debía ganar. F Murray Abraham (como resonara la voz del abuelo Simpson en nuestra cabeza) actúa impecablemente de un Salieri que por dentro sufre las angustias más grandes generadas a un ser humano y que sin embargo por fuera es correcto y hasta ejemplar. Por otro lado Tom Hulce, con menos trayectoria luego, interpreta un histriónico Mozart, más parecido a una estrella hippie de rock que a un joven de época. No soy el único que nota en él algo atemporal que lo resalta y lo hace aún más deleznable para nuestro narrador. Es inmaduro, prepotente, desalineado y lo peor aún, a pesar de producir el más maravilloso sonido con apenas cruzársele cualquier instrumento, su risa es el sonido más molesto existente. También destacables otras participaciones menores.
Con respecto al guion no tengo más que buenos epítetos. Hace poco tuve el agrado de ver una producción nacional realizada sobre la figura de un personaje mítico, del mono Gattica. A pesar de su excelente tratamiento visual, el guion no me pareció más que la conjunción de retazos; de capítulos remarcables de la historia del personaje que coincidan explícitamente (y con pretensiones) con la historia del país. En la película argentina no encontré evolución en la trama, un hilo que la aúne, que haga modificar a los protagonistas; que le proponga a los espectadores una forma de atracción o análisis. En el caso de Amadeus ocurre absolutamente lo contrario y sin embargo, no parece descuidar la autenticidad histórica o la relación coyuntural. Esto es logrado extrayendo los parlamentos y las escenas, de relatos y cartas documentadas sobre la figura ilustre. Sin embargo, debo admitir que hemos caído todos en la más fina y mejor llevada a cabo trampa argumental. Porque en vez de tomar los hitos principales de la biografía de uno u otro de los personajes; lo que apreciamos en la pantalla es lo inverso. Vemos una adaptación, una evolución, una conjunción perfecta de dos extractos de la biblia; en el que son incrustados con un trazo invisible la historia de estos músicos pero llegando a las mismas moralejas.
Amadeus es, en su estructura argumental, una incrustación de Caín y Abel, y del retrato de Job. Caín, temeroso de dios, encuentra entre sus preocupaciones la aprobación de este y se esfuerza para conseguirla, sin embargo su hermano menor, con muchas menos pretensiones y esfuerzos la consigue y se sirve de ella. Aquí hay que hacer un alto, porque el largometraje no es tan directo y pragmático como este corto cuento bíblico que concluye en el consiguiente asesinato, sino que es más psicológico y tortuoso.  A partir de esta desventaja, nos introducimos en la otra glosa. Salieri es un devoto de dios, que vive en el más puro celibato y está en constante necesidad de comunicación con quien, él dice, lo proveyó del dote de la música. Sin embargo esta corrección, lo hará caer en la mayor prueba divina hecha a un ser humana como lo es la que fue conjurada para con Job. Salieri se verá afrontando constantemente con pruebas que le hagan sufrir las mayores humillaciones tratando de probar su devoción. A cada paso que el efectuará, el entorno reaccionará de alguna forma contrariándolo. Cada pequeña victoria personal que él podrá encontrar, se verá bastardeada por una mayor de su competidor o por su simple percepción que lo pondrá en desventaja frente al otro. Él mismo argumenta que dios le dio solo a él la capacidad de entender la música para admirar la de otro que jamás saldría de sus propios ingenios. En el relato de Job, dios atestigua como su víctima sobrevive a todos sus tormentos y todavía lo ama, así que finalmente lo premia retornándole todo lo que le había sacado y multiplicándole su felicidad hasta el infinito. En el final del relato de los hermanos, Caín dilapidará a su hermano, negará el crimen y luego vagará eternamente por el mundo estigmatizado, marginado y dolido como castigo celestial. Amadeus no confluye de ninguna de las dos formas y a la vez tomando cosas de las dos. Salieri, a pesar de perder su devoción aunque no su temor y consideración con dios, no podrá realizar su venganza ya que esto en los estándares actuales, entiendo, implica algún tipo de absolución. Sino que obtendrá el castigo eterno sin haber cometido el crimen. Adjudicándoselo sin embargo, pero más, bajo mi punto de vista, para no sentirse insignificante, que por remordimiento.  Cargando con la cruz de la más profunda miseria, la mediocridad. 

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