Deus Ex
Machina es la expresión latina que usan los críticos de cine y guionistas para
designar un giro narrativo brusco que cambia el paradigma o verosímil de una
historia y resuelve uno o varios
conflictos instaurados de una forma inesperada y poco satisfactoria. Trapero es
famoso por no tener la facultad de cerrar bien sus historias y, bajo mi punto
de vista, esto tiene que ver con que es muy pretencioso en la cantidad de
elementos que trata de tener en cuenta a nivel narrativo pero que no los
conjuga en pos del guion sino a la inversa; teniendo que, finalmente, hacerlos
desembocar todos de alguna forma. Es natural que Carancho, la película sobre
las estafas que esconden los accidentes de tráfico termine con un choque
automotor pero vemos que es lo que conduce ese auto a chocar la pantalla.
Carancho es
en primera instancia un retrato social. Trapero lo que busca en sus películas
es abrir las ventanas de una argentina escondida al mundo de una forma
generosa. En Elefante Blanco tiene la brillante manera de explicar una villa a
un cura extranjero para tener un punto de vista que le deje profundizar desde
lo básico hasta lo más mórbido. En Carancho los personajes son los principales
involucrados que participan y sufren de esta realidad. Para esto utiliza el registro de sus amigos
cercanos los Dardenne y climatiza la fotografía de un tono objetivo (no muy
satisfactorio en mi opnion) e íntimo. Parece que la cámara en mano, movediza,
inexpresiva es un síntoma crónico en el cine nacional. Sin embargo esto es solo
el comienzo de los factores que trata de incluir en su film, aun quedan tres
más.
Lo segundo,
a mi gusto, que implica la historia es el amor entre los personajes. Parece que
el director necesita constantemente mezclar a su novia en la vida real con
otros personajes. Esto agiliza el drama pero no le da demasiado sentido. En
Elefante Blanco, se puede distinguir quizás un símbolo, que lo justifica
demasiado, a mi gusto, de forma dramática. En este caso no hay mucho que ver al
respecto sino una forma de tener ligados a los perceptores de esta realidad.
Pero que enfatizan, quizás, el tercer punto.
Este es la
ambientación Neo-Noir que se justifica en la historia por hablar de un
inframundo; de un conjunto de estafas y arreglos corruptos que lo sumergen al
personaje en una red de inferiores y superiores; de aprietes y golpizas; de la
que no se puede salir. Y ahí es donde reside la mayor influencia Noir: En verse
sumergido en esa dinámica incluso cuando intenta salir de ella. Quizás esto es
lo que más le daría cabida a un final derrotista. Pero este no es el
mensaje claro en que se ampara la
película, sino que deja algo más ambiguo. Sin embargo, aunque esta ambientación
no sea satisfactoria a nivel argumental (No se termina nunca de determinar
nunca en las películas de este director un género, no porque mezcle demasiado o
genere un híbrido sino porque no satisface los objetivos de ninguno) sí ocurre
a nivel artístico: La fotografía nocturna y húmeda, la ciudad en sus callejones
menos transitados, la claustrofobia de lo íntimo.
Y el último
ingrediente necesario en las películas de este director es la violencia
realista visual. Que tienen que ver con un retrato de la sociedad argentina.
Potencia el ambiente Neo-Noir aunque se condiga más con su faceta de novela
negra. Le da potencia visual al film. Pero que se termina conjugando, con los
otros tres factores en su necesidad de involucrarse, el pésimo final. Que hace
desembocar a estos dos personajes, unidos ya por una sensación de amor
profundo, en la más peligrosa secuencia, donde intentaran sobrevivir al
inframundo, de una forma cruenta, pero de la que no podrán huir sin antes ser
golpeados por un automóvil y convertirse en las victimas o pasivos de sus
propios roles.
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