martes, 22 de enero de 2013

Carancho de Trapero


Deus Ex Machina es la expresión latina que usan los críticos de cine y guionistas para designar un giro narrativo brusco que cambia el paradigma o verosímil de una historia  y resuelve uno o varios conflictos instaurados de una forma inesperada y poco satisfactoria. Trapero es famoso por no tener la facultad de cerrar bien sus historias y, bajo mi punto de vista, esto tiene que ver con que es muy pretencioso en la cantidad de elementos que trata de tener en cuenta a nivel narrativo pero que no los conjuga en pos del guion sino a la inversa; teniendo que, finalmente, hacerlos desembocar todos de alguna forma. Es natural que Carancho, la película sobre las estafas que esconden los accidentes de tráfico termine con un choque automotor pero vemos que es lo que conduce ese auto a chocar la pantalla.
Carancho es en primera instancia un retrato social. Trapero lo que busca en sus películas es abrir las ventanas de una argentina escondida al mundo de una forma generosa. En Elefante Blanco tiene la brillante manera de explicar una villa a un cura extranjero para tener un punto de vista que le deje profundizar desde lo básico hasta lo más mórbido. En Carancho los personajes son los principales involucrados que participan y sufren de esta realidad.  Para esto utiliza el registro de sus amigos cercanos los Dardenne y climatiza la fotografía de un tono objetivo (no muy satisfactorio en mi opnion) e íntimo. Parece que la cámara en mano, movediza, inexpresiva es un síntoma crónico en el cine nacional. Sin embargo esto es solo el comienzo de los factores que trata de incluir en su film, aun quedan tres más.
Lo segundo, a mi gusto, que implica la historia es el amor entre los personajes. Parece que el director necesita constantemente mezclar a su novia en la vida real con otros personajes. Esto agiliza el drama pero no le da demasiado sentido. En Elefante Blanco, se puede distinguir quizás un símbolo, que lo justifica demasiado, a mi gusto, de forma dramática. En este caso no hay mucho que ver al respecto sino una forma de tener ligados a los perceptores de esta realidad. Pero que enfatizan, quizás, el tercer punto.
Este es la ambientación Neo-Noir que se justifica en la historia por hablar de un inframundo; de un conjunto de estafas y arreglos corruptos que lo sumergen al personaje en una red de inferiores y superiores; de aprietes y golpizas; de la que no se puede salir. Y ahí es donde reside la mayor influencia Noir: En verse sumergido en esa dinámica incluso cuando intenta salir de ella. Quizás esto es lo que más le daría cabida a un final derrotista. Pero este no es el mensaje  claro en que se ampara la película, sino que deja algo más ambiguo. Sin embargo, aunque esta ambientación no sea satisfactoria a nivel argumental (No se termina nunca de determinar nunca en las películas de este director un género, no porque mezcle demasiado o genere un híbrido sino porque no satisface los objetivos de ninguno) sí ocurre a nivel artístico: La fotografía nocturna y húmeda, la ciudad en sus callejones menos transitados, la claustrofobia de lo íntimo.
Y el último ingrediente necesario en las películas de este director es la violencia realista visual. Que tienen que ver con un retrato de la sociedad argentina. Potencia el ambiente Neo-Noir aunque se condiga más con su faceta de novela negra. Le da potencia visual al film. Pero que se termina conjugando, con los otros tres factores en su necesidad de involucrarse, el pésimo final. Que hace desembocar a estos dos personajes, unidos ya por una sensación de amor profundo, en la más peligrosa secuencia, donde intentaran sobrevivir al inframundo, de una forma cruenta, pero de la que no podrán huir sin antes ser golpeados por un automóvil y convertirse en las victimas o pasivos de sus propios roles.

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