miércoles, 14 de noviembre de 2012

Fronken Julie de August Strindberg

Voy a resumir la obra de la forma en que fui soslayándola en cada momento, teniendo en cuenta previamente que nada tenía yo en cuenta qué era el teatro naturalista de esa época.
Primero conoceremos a dos criados. Una señorita y otro, que llegará y ubicará unas botas en medio de la escena que en ese momento no me significaran mucho pero que luego serán el símbolo de dominación; presencia inapelable de su señor amo.
Estos dos criados hablaran de la hija de su señor. Una jovencita que, sabremos, luego de haber echado a perder una relación con un prometido por intentar criarlo como a un perro se había vuelto desmedida. Hasta ahora es, en escena, una cocina con criados trabajando hablando de sus amos. Una clásica escena de época. Pero luego entrará esta señorita Julia, que al parecer es la esencia y la protagonista de la obra y este registro cambiará radicalmente. Esta señorita Julia será realmente alocada en sus maneras y comenzará a intentar seducir a su criado en frente mismo de su prometida. Hasta ahora no parece ser una situación extraordinaria. Pero a continuación  empezará mi confusión. Porque lo que ocurrirá en adelante es que, habiéndose ido a dormir Cristinta (la criada), Jean y Julia tendrán un coqueteo real. Donde nunca me quedará en claro cuanto hay de real en sus palabras, cuanto es una careta puesta en los personajes para generar algún fin secreto. Esta confusión es mía debo confesar.
Hitchcook postulaba que en las películas de comienzo de siglo (no casualmente adaptaciones en su mayoría del teatro clásico o realista) los personajes hablaban de forma irreal mostrando sus cometidos o previniendo sus acciones anti-naturalmente; cuando en la vida real las palabras no son más que una forma de llenar los silencios, difícilmente tengan algo que ver con las verdaderas razones o intenciones que tienen sus interlocutores; no así sus miradas, sus cuerpos. Yo estaba, debo confesar, establecido a leer la obra de esta manera, entonces no la descifraba correctamente.
El naturalismo es una evolución necesaria en lo dramático que une de una forma paulatina el teatro clásico griego que esta siempre alejado de la vida real y de lo humano; con el teatro moderno y pos-moderno que ya comienza a hablar de símbolos o de lo que ocurre dentro del hombre o del teatro mismo y su lenguaje. Para esto debe pasar en algún momento que el teatro SEA el hombre; que el teatro ilustre al humano y sus manías, y sus comportamientos. En estado NATURAL.
Es por eso que en esta obra lo que vamos a empezar a ver es a dos seres humanos IMPERFECTOS. No imperfectos en sus hados  prefijados sobrenaturalmente o en una forma de maldad sino en lo más orgánico: en su psiquis, en su identificación. Pero esto no podía ser mostrado en 1888 en códigos o con miradas, debía ser expuesto. Porque solo el hecho de mostrar el contenido de dos seres humanos y sus contradicciones ya era arte y revolución.
Es por eso que conocer a una Miss Julie, hija de un conde, hija de una feminista. Persona que le supieron inculcar el odio a su sexo opuesto pero que no ha sabido separarlo de la poderosa atracción que este le genera y que por sobre todas las cosas es histérica: resulta confuso. No sabemos si representa la dominación clasista expuesta hasta el límite de lo sexual o la demostración de como la humanidad y el sexo superan las barreras sociales. Y no lo sabemos precisamente porque ella esta constantemente cambiando de parecer sobre estas dos manifestaciones sin esconder nunca sus contradicciones.
Luego tendremos a Jean que de ser un simple criado que desea ser noble y por eso atrae a la hija del conde mostrándose como pintoresco y sofisticado; no nos sorprendería. Sin embargo es esto y también será el criado que logró conquistarla, logró hacerla caer en la profanidad haciéndola perder toda su reputación y sin embargo no se contentará con esto. En vez de alcanzar por fin el objetivo clásico se pondrá en rol de sometedor luego, demostrará una faceta sádica (o cambiará quizás de parecer) y llevará a la ruina a la joven devastada. ¿Por qué? Porque a pesar de sus sueños de nobleza Jean es un eterno subyugado. Entenderemos cerca del final el poder que el Conde efectúa en él. Por eso nos acordaremos de esas botas que estuvieron siempre ahí, que no hacían otra cosa que demostrarnos que aunque no lo viésemos ni escuchásemos el Conde estaba ejerciendo siempre control sobre su criado. Este no fue suficiente para impedir que tomara a su hija, que la humillara y la hiciera cometer suicidio. Pero sí para desbaratar sus ilusiones de escaparse y convertirse él mismo en un Señor. Que es lo mismo que decir, dejar de ser su criado.

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