jueves, 22 de noviembre de 2012

Bitácora - Tercera Entrega

Los había dejado estando acompañado por Gustavo y Sara. Rápidamente se sumó al grupo el tereré. Un frío limón nos refrescaba la tarde. Nicolas sumaría al plan nocturno un ingrediente de comida oriental. Sin embargo el humus no fue más que uno más de muchos factores inexplicables que desembocaron en la más inesperada cena.
Como por arte de magia, sin presiones, fuimos acercándonos de a uno, todos, a la cocina a aportar un poco. Matias se encargó de la carne al horno, Gustavo tomó el fruto de su huerta y formó una ensalada Gourmet de Rúcula y Reggianito. Sara aportó con salvar un arroz mal despreciado convirtiéndolo en un manjar; Leila aportó con la zanahoría, los huevos. Yo hice mi aporte también en la ensalada y todos de alguna forma dejaron su huella. Probablemente me olvide de mucho, lo importante es que cerca de las diez y media había una mesa larga, con una iluminación digna de un set de filmación. La luna de testigo vio como decenas de potes con verduras escoltaban una carne tan tierna como sabrosa.
La magnífica cena concluyó y dio pie a la tercer gran actividad. Esta vez comandada por Noelia, tenía como gran fin la melancolía.
Recordarnos cual es el pasado al que le estamos soltando la mano es indispensable para hacerlo con el corazón y cerrar un circulo de la mejor manera. Cada grupo por su cuenta, con sus paredes ya pintadas, cubiertas de un presente distinto a ese pasado propio de cada cual; se reunían descubriendo nombres, anécdotas, sentimientos. Quien les habla debe admitir que ya no esta acompañado por nada de su pasado. Sino que tuvo que mutar, escabullirse y formar nuevos grupos sin embargo, en ese momento recuperó su fidelidad y tuvo todo su ser apuntando hacía esa otra realidad que le había significado tanto, dejado tanta marca buena y mala. Siendo más que nada las razones de lo que lo conformaron en el hoy.
El pasado nos invadió a todos cambiando en sobremanera el aire. Todos recobramos un poco algo que habíamos perdido u olvidado. Reviviendo viejos amores o vergüenzas ya pasadas. Algún que otro chiste también volvió a hacernos reír. Hasta que las estrellas nos terminaron de invitar a dormir, de nuevo, con una sensación única de satisfacción de que las cosas surgen como deben surgir en la expedición.
La mañana de jueves fue perezosa y la lluvia fue cómplice indiscutida. Nos  estilizamos comiendo un Brunch. Para darle tiempo a los que debían partir de tener su alimento, y a los que recién nos despertábamos de acompañarlos.
Son las dos y media, y la casa esta tranquila. No hay movimiento debido a la guerra, o a la paz o al sionismo. No me queda bien en claro. Lo que sí es que pronto mi propia tranquilidad será invadida, además de por las aguas que caen gentiles del cielo sino también por otras cosas que hacer. Por eso los despido hasta otra próxima entrega.

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