La primera se llama “El Sendero”, y ahora me doy cuenta, tiene un aire fuerte a L’Avventura de Antonioni.
Una pareja haciendo trekking en la Patagonia. Vemos todo desde el punto de vista de él. Pongámosle Leonardo a él y Dolores a ella. Lo primero, una bifurcación, cada uno quiere ir por un lado distinto. Leo cuenta que este viaje estuvo más atento al protector solar y se siente más protegido que nunca.
Una pequeña discusión viene porque Lola le reprocha a Leo que armó las mochilas y se olvidó de guardar papel higiénico y unos alfajores. Él se defiende con que ella tampoco revisó las cosas antes de salir.
Llegan a la laguna y almuerzan en paz. A la vuelta toman otro camino, se pierden, no pueden recargar la botella de agua en el arroyito como a la ida. Dolores llora.
Caminan en silencio unos kilómetros, otra pareja en sentido contrario viene riéndose y cuando los ve, se calla.
Hacen las paces cuando él hace alguna morisqueta. Sonríen, se besan, siguen caminando callados.
Llegan muertos de cansancio. Se tiran en el piso del Apart a hidratarse y estirar. A Leo le duele la cabeza como nunca. Tiene quemadas algunas partes del cuerpo poco esperables: El reverso de la mano, los tobillos, la parte del brazo que queda cubierta con la manga.
Leo dice que va al baño, Lola que se va a acostar. Leo se sienta en el inodoro. La fuerza que hace para evacuar le hace doler cada vez más la cabeza. A niveles intolerables. Los gemidos de dolor y fuerza son agónicos. Siente que va a explotar.
Finalmente, lo hace. Queda inánime, a medio vestir, entre el inodoro y el piso del baño.
Este es el punto más delicado de la película: El cambio de punto de vista. La elipsis.
Lola prepara la mochila para salir. Se pone protector solar. Guarda comida y bebida. Antes de salir se detiene a mirar durante unos segundos largos la puerta del baño.
En el sendero llega a una bifurcación y con liviandad elige un camino.
Baja a la orilla de un arroyo y carga la botellita. Toma un poco de agua relajada.
Se detiene en una sombra a comer un alfajor.
Llega a una laguna emocionada.
Vuelve cantando.
Llega al Apart con algo que le molesta en el ojo. Entra rápido al baño y se mira en el espejo. No tiene nada, es solo la sensación. Está ella sola.
Fin de la primera película.
La segunda se llama “El mensaje oculto” y sucede en una metrópolis globalizada. El protagonista es un joven inmigrante. Si se puede soñar gratis, pediría que tenga un tono melancólico y pastel como el de “Her” de Spike Jonze o la simpleza de “La Bonheur” de Varda.
La película empieza en un brindis, una celebración, en el balcón de un departamentito que queda en las afueras de la metrópolis. Alfredo festeja junto a María que le renovaron el contrato de alquiler y no le aumentaron demasiado. La reunión deviene en una discusión extraña donde se devela que ella está molesta porque quiere vivir con él y ahí no pueden. Alfredo emocionado le propone que si consigue un trabajo mejor pronto, va a empezar a ahorrar en plan mudanza. Hacen un amor de reconciliación ahí en el suelo del departamentito. Desde ahí, mirando un poco el techo, un poco el cielo, prenden un cigarrillo y googlean departamentos. María postea en sus redes sociales un departamento lujosísimo que nunca podrían pagar y etiqueta a Alfredo.
Alfredo se prepara para una entrevista. Suena el timbre. En un paquete le llega enmarcado su título universitario. Lo cuelga, se saca una selfie y la postea en sus redes sociales.
En la entrevista para el ascenso le confiesan que todo es una formalidad porque el trabajo ya tiene su nombre. Alfredo se emociona un poco más allá de lo que se acostumbra. Su jefe en vez de juzgarlo, lo abraza.
A la noche de ese día, se juega la final de la Libertadores, el equipo de Alfredo gana. Hace una videollamada con sus hermanos que van a la plaza principal de su ciudad natal a festejar desbordadamente. Alfredo forma parte del festejo desde la distancia. Se ponen de acuerdo en un tatuaje que inmortalice ese momento.
De visita en un edificio notable de la metrópolis, Alfredo y María pasean. Alfredo averigua para ir al baño: le indican dos pisos más arriba por escalera. María lo espera sentada en un banquito. Alfredo sube, se queda hipnotizado por la sublime vista a cientos de metros de la calle. En un santiamén de descuido, Alfredo resbala, se rompe una red de contención y cae desde la increíble altura.
María viaja a participar de los servicios junto a la familia. Cada uno de ellos empieza a decodificar señales en las redes sociales, en conversaciones telefónicas, por mensajería. Encontrando señales pasadas que indiquen que Alfredo necesitaba ayuda.
María vuelve a la metrópolis a juntar las pertenencias de Alfredo. Todo entra en dos cajas.
Fin de la segunda película.
La tercera se llama “Tierra de Huemules”. Puede que lo ideal sea filmarla como una de los Dardenne, con mucha nuca. Pero también puede manejar mucha tensión y densidad.
El protagonista, Joaquín es, digamos, un adolescente con apariencia de niño. Diría que tiene 17 pero parece de 13.
Joaquín sale a hacer un paseo sólo porque sus padres no son apasionados de caminar más de dos kilómetros, ni ningún otro ejercicio físico. En el inicio del sendero se cruza con un primer cartel: “Tierra de huemules. Si ve un perro, avise al guardaparque”.
No pasa ni un kilómetro para que un golden retriever precioso, con un pañuelito, se le pegue a los talones. Joaquín acaricia al perro, le tira ramas y lo adopta como compañero de aventuras. Le pone nombre: Aquiles.
Aquiles se le adelanta un poco y le muestra el segundo cartel del sendero: “En caso de inundación por desprendimiento de una masa de hielo, buscar un lugar alto”. Joaquín le agradece y siguen camino.
Aquiles camina rápido, le va marcando el sendero a Joaquín. Por momentos lo pierde y lo encuentra esperándolo. Cuando alguien lo cruza, le acaricia la cabeza. A alguno de esos, Joaquín le pregunta si el perro es suyo. En un momento del sendero se meten a un bosque. Joaquín pierde a Aquiles. Camina unos cuantos metros sin verlo. Al pasar los minutos se preocupa.
A los pocos metros, Joaquín escucha un ruido al costado del sendero. Por más que no debe alejarse, Joaquín camina bosque adentro. Detrás de una Lenga, Joaquín encuentra a Aquiles zambullido en las vísceras de un huemul. Aquiles saca el hocico totalmente bañado de sangre, se voltea, reconoce a Joaquín y continúa devorando su banquete. Joaquín vuelve al sendero, sigue camino y de un tirón llega al Lago.
Mientras permanece sentado en una roca mirando con los ojos huecos un glaciar, Joaquín es abordado por Héctor. “¿Me sacas una foto con el lago y el glaciar?”. Luego le pide otra y otra. Le da charla, se le hace el amigo.
Joaquín emprende el retorno y Héctor lo sigue. Le pregunta sobre su familia, le cuenta que para en el camping. Lo invita a comer milanesa con papas fritas. Joaquín habla poco, con monosílabos. Héctor se lo hace notar. Joaquín le cuenta la suerte del huemul. Héctor lanza una risotada: “No te preocupes. Eso ahora es trabajo para los cóndores y los caranchos. En un día de ese huemul no queda nada. Acá la carroña no dura.”
Esto no ablanda un múscula la expresión de Joaquín. Una pareja se les acerca de frente. Joaquín apura el paso y les pregunta algo pero son alemanes o franceses. No le entienden nada.
Unos minutos de caminata más adelante, Héctor agarra del brazo a Joaquín. “¿Escuchaste eso? Se viene el agua.” Joaquín se suelta. Héctor arranca camino arriba y lo llama. Joaquín escucha algún ruido y decide seguirlo. Héctor logra subirse a una roca gigante en medio del bosque, bien a la vista. Ayuda a subir a Joaquín. Desde ahí ven algunos kilómetros de bosque abajo. Ven la tranquilidad del bosque. También que no viene nadie. Y que no viene agua. Héctor respira con agitación muy cerca del rostro de Joaquín.
Joaquín se baja y sigue camino. Héctor lo sigue. A los pocos metros, Joaquín ve un guardabosques y le dice a Héctor que le va a avisar lo que hablaron.
Corre hasta el guardabosque y le dice: “me quiere coger”.
Héctor o porque escucha algo o porque ve la cara del guardabosque se larga a la carrera con desesperación en sentido opuesto. El guardabosque avisa por el handy que tienen otro “hombre lobo suelto”.
Cuando investigan el camping y encuentran la carpa de Héctor, descubren ropa interior de niño.
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