Algo que no podrá decirse es que el Ontok no hace todos los esfuerzos posibles para que la familia llegue a tiempo. Se trepa al cochecito donde ya ha instalado a la Ontoka, y con gran determinación le ordena que arranque, mientras el Ontokito presenta al pescado Ricardo como prueba de que todas las disposiciones han sido tomadas por la familia.
-¡Arre, rápido!- grita el Ontok.
-Ftak- dice la Ontoka, a la que jamás se le ha oído otra cosa.
-Es lo de siempre, so pretexto de que está dentro del cocecito se niega a propulsarlo -brama el Ontok-. Ahora vamos a llegar tarde, se habrán comido las mejores cosas y nos perderemos las adivinanzas, las luces de bengala y las sillas musicales. ¡Arre, arre!
-Deberíamos apurarnos- dice el Ontokito-, me parece que a Ricardo le empieza a faltar el agua, lo noto levemente crispado.
El Ontok se agita con vehemencia en el pescante, y hasta elogia el sombrero de la Ontoka para animarla, pero ftak, dice la Ontoka; es seguro que llegarán tarde, y para peor en taxi.
Por Julio Cortázar inspirados en acuarelas de Julio Silva
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