No es la primera vez que algún pensamiento retorcido invade mi cabeza intentando, acaso inútilmente, poner en duda como mi participación activa dentro del sistema de producción de carne puede asimilarse o tener puntos de contacto con ciertas conductas que, sin poner excusas o dudas, etiquetamos de reprobables completamente o hasta casi inhumanas (con lo extraño que suena esto). Habré relacionado esto alguna vez con el Nazismo; pero lejos estoy en este momento de profundizar en esa otra rebuscada idea que no aportaría mucho.

La cuestión es que terminé recientemente de disfrutar las primeras dos películas de la cuatrilogía de Alien encontrando un punto de análisis muy interesante que, por supuesto, no fue para nada abordado en ninguna de las dos presentaciones y que, dudo mucho, este incluido dentro de las dos o cuatro ediciones que me quedan por ver.
Para entender un poco mejor de que hablo: La primera de ellas es una película de terror y ciencia ficción, donde una tripulación de una nave guiada involuntariamente por la codicia humana tiene que intervenir con una nueva especie que poco a poco iremos conociendo hasta saber que es prácticamente indestructible y que su comportamiento se basa sin mucho mayor complejidad en atacar humanos con el único fin de matarlos. Algo que funciona como condimento a la película que a mi parecer es central, es que esta especie no estaba en vigencia hasta ese momento ya que necesitaba precisamente de los seres humanos para existir ya que los precisa como fuente de alimento para incubar sus larvas. Es decir, debe matar, robar toda la energía vital del ser humano, para nacer.
La segunda de estas películas ocurre en un futuro cercano a la primera. Parece que estos monstruitos no afectaron mucho a nuestra especie, que esta, de nuevo guiada por la codicia o la ambición, decide formar un proyecto de colonización justo en el mismo lugar donde estaba el criadero de Aliens que conocíamos. Sin embargo el tema, el foco de esta segunda película, de nuevo estará muy lejos de lo que acá pretendo. En este ocasión, James Cameron (el director y guionista) se enfocará en el concepto de la maternidad. Esto lo vamos a poder observar en que la protagonista luego de estar criogenizada por 57 años descubrirá como su hija habrá muerto anciana habiéndole ella, prometido la última vez que la vio, estar con ella para su cumpleaños número 11. Luego encontrará a una pequeñita de aproximadamente la misma edad y ambas participaran en un proceso donde el peligro terminará formando el mismo vinculo. Mientras que paralelamente iremos profundizando en como se produce la procreación de los temerosos alienigenas hasta dar con la "abeja reina" de los Aliens y enfrentando a las dos mujeres en una batalla final.
Tanto el largometraje de Ridley Scott, como este último contienen una información, a mi gusto, interesante para explotar que por omisión o decisión no esta plasmado y es la relación entre el punto de vista del ser humano con respecto a esta nueva especie y la depredación o la necesidad de uno al otro para su subsistencia.

En la primer película los Aliens pasan de ser un misterio a una pesadilla. La concepción que se tiene de ellos es de un ser de pura MALDAD que tiene como único propósito eliminar a cuanto humano se le cruce. En la segunda ya se ve una concepción más compleja; la de una especie, con reglas, con roles. Sin embargo el plan es la extinción. No son los primeros "bichos" que los humanos cazan, ni serán los últimos, pero no dejan de ser eso: "bichos". Y es ahí donde, quizás, me salte un poco la térmica a mi. Porque en mi óptica, si hay que establecer una relación en una cadena entre Aliens y Humanos no me queda duda de que los "Bichos" seriamos nosotros. Seríamos, sin embargo, unos "bichos" que ellos necesitan para sobrevivir. No hay además, se puede ver, en su mecánica de incubación crueldad o divertimento. No se entretienen en la caza de humanos. Son pragmáticos. Entonces no me queda, por lo menos a mi, duda alguna de que no hay la más mínima maldad en su comportamiento. No me parece, viendo el otro lado, mal que los humanos intenten evitar ser utilizados por esta raza superior aunque esto signifique su posible extinción. Sin embargo esto esta muy lejos de significar que los Aliens sean malvados y que nosotros somos los benignos. Cuando en realidad, es el mismo humano el que se pone en riesgo a si mismo interactuando por codicia con esta otra especie que lo necesita para la supervivencia.
Llegando hasta casi el punto de mi pensamiento sin haber mencionado todavía que tiene que ver esto con la carnicería con la cual estamos habituados, creo que no necesita mayor explicación. Es difícil de entender y mucho más de plasmar, me imagino, como al complejizar nuestra sociedad y nuestro sistema económico, nuestra disposición de ciertos recursos se vuelve cruenta y desmedida. Y sin embargo no nos resulta, a la mayoría, algo digno de ser censurado. Porque es "necesario". Esto se sobrelleva, claro, mirando constantemente hacía otro lado. Lo gracioso es que uno de en uno de esos otros lados donde estamos mirando, resulta que esta vez, somos nosotros los cazados y comidos. Y sin embargo ahora nos parece algo solo para causarnos pesadillas y malestares.
Voy a, para terminar, confesar mi hipocresía ante todo esto. Yo no creo que hasta el último día de mi vida deje de comer carne, pero es por esto mismo (y por atribuirme cierta condición de guionista afortunadamente o no) que me resultaría mucho más atractiva una película donde el ser humano se dé cuenta en que posición se encuentra y se enfrente no solo a esta raza que lo amenaza sino también a sus propias contradicciones. Porque es contra estas, estoy convencido, donde la película por más Holywoodense que sea nunca va a poder tener un satisfactorio final feliz.

No hay comentarios:
Publicar un comentario