En una jornada laboral, luego de pasadas algunas pesadas horas me descubrí haciendo con prestancia ciertas acciones cotidianas de las que escapaba en mis tiempos libres. Atribuí este cambio de actitud irónico a cierto encierro y deseo de apurar las agujas y hacer fluir el tiempo con agilidad de la forma más vívida (palabra poco azarosa) y entretenida posible.
Luego traté de relacionar mi conducta sin dejar de sentir revolotear en mi cabeza la idea de que en cierta oculta forma estamos siempre en la misma exacta situación pero por distintas sugestiones que nos inculcamos entre todos tendemos a tomar la situación por el contrario. De alguna forma, estamos encerrados en nuestra efímera vida "matando" nuestro tiempo. El micromundo que puede llegar a ser nuestro trabajo no esta exento de las condiciones de existencia de siempre.
Entiendo que hay una especie de libertad a nivel general que aunque discutible puede significar la trascendente diferencia en cuanto a como nos comportamos ya que contiene, en su accionar, una felicidad o satisfacción intrínseca. "No importa si paso mi tiempo recostado o destruyéndome. Lo que importa es que lo hago cuándo, cómo y dónde yo quiero".
Pero, es entonces, moviéndome básicamente en dos ejes, una cuestión preocupante producida por el modelo educacional industrializado que practica continuamente nuestra sociedad donde estamos tan enmarcados que se pierde el "todo"? O solo es una cuestión existencialista medio depresiva que nos señala las motivaciones o el control que podamos tener sobre nuestra pro-actividad de acuerdo a los estímulos o presiones que experimentamos? Es asimilar este nuevo enfoque y lograr un coherencia auto suficiente y sana entre estos dos momentos una victoria?
Me permito el atrevimiento de entender esto una cuestión infinitamente relacionada con que el sistema impone una dinámica en la que la ocupación dista, en la gran mayoría de los casos, de los intereses o comodidades de cualquier sujeto. Tanto así también esto ocurre con su tiempo libre pero ya con razones más intrincadas y confusas.
Existe una muy sana determinación en el ser humano por proveerse constantemente de buenas sensaciones. Es en la planificación a largo plazo donde perdemos significado. Ya que la denigración se basa, en parte, a lo incierto del futuro, tanto del universo como del "yo" que, a la vez, nos encapsula en etiquetas o en valores predeterminados y nos da un ideal simpático de "exito" que aunque pueda no escaparse de esa sensación siempre buscada de satisfacción, esta siempre enmarcada por un otro. Que nos dirá quien ser o dejar de ser. Y qué nos hace felices. Y por qué sacrificarse en pos de qué. Entonces es cuando caemos en la blasfemia, no de sobrevivir, sino de ser eso de lo que nos convencieron y ser infelices para ser felices. Ser todo el tiempo infelices (ayer, hoy y mañana) para recién mañana (ese mañana necesario que esta por llegar siempre) recolectar el fruto.
Estoy, creo un poco, cayendo en un espiral de divagaciones que no se asemejan en nada a la felicidad y que mucho tienen que ver con estar atrapado. No es que estas palabras salgan de la angustia. Pero coinciden en la misma idea de que pueden no tener fin ni corrección y así convertirse (como lo es cada acto) en solo un pasatiempos.

1 comentario:
Excelente escrito/relato y lejos de ser divagaciones de adentran en lo mas profundo de un pensamiento que en vez de buscar respuestas, busca preguntas.
Te recomiendo que mires este capitulo de "Mentira la Verdad" si es que todavía no lo viste:
http://www.youtube.com/watch?v=0EMdyd5JTwQ
saludos
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