Detesto el verso.
No me gusta el trabajo, no quiero zurcir
el lienzo denso.
No me llaman las tramas urgentes,
no las veo.
Sin embargo, a veces lloro voces
en forma de sonetos.
Esperar, aburrir, no cantar, no escribir.
Todo eso.
Gravitar, estar solo o muy solo, también;
me hace copiar ecos internos.
No me da trabajo la maldad:
soy un dios incorrecto
que sabe que su obra
es su menos favorita
pero se calla y sin importarle
la crea sabiendo
que a ella solo le espera un futuro admirable
pero ceniciento.
Javier Grinstein
No hay comentarios:
Publicar un comentario