
No habia pasado mucho tiempo desde que estaba sentada en la estación de tren esperando, cuando él llego y se sento a su lado... ella estaba contenta porque por fin había hallado esas galletitas que tanto le gustaban, en el quiosco de la estación; pensaba comerlas mientras esperaba. Miró, entonces, el paquete a su lado, el hombre más al costado aún, lo tomo y lo abrió. El hombre, con cara de asombro, espero para ver que pasaba. Ella ida, tomó la primer galletita y la metió en su boca saboreando hasta la última migaja, no termino de tragar cuando observó anonadada como el hombre sin ningun tipo de timidez abrió despacito la bolsa, miró su interior, tomo una y se la metió en la boca.
Lo toleró, por ahi, el hombre era un callejero, esa seria su comida del día. Tomó otra mirandolo y la comio con ganas. al instante, él se adelanto agarro otra y también la comió. Ella se empezó a preocupar y a comer rapido. Pero él no se quedaba atras, siempre que ella comia una apurada, el calmado retomaba y volvia a meterse otra en la boca.
Siguieron asi, callados mientras el paquete se vaciaba, una y otra vez, ella gestando una indignación como hacía un ladron. Casi sin saborearlas tragaba para tratar comer más que el otro.
Ya solo quedaba una sola galletita. Ella se detuvo: no puede, pensó, ser tan insolente de comerse la ultima. Su cara se puso roja: el hombre metió la mano en la bolsa y la agarro, pero en vez de metersela en la boca la extendió y se la ofreció.
Ella indignadisima dijo que no, se levanto y se tomo el tren que acababa de aparecer.
Subió perturbada y quedo parada de espaldas a la puerta cuando su celular comenzó a sonar. Ella apurada, como siempre, abrió su cartera.
Su rostro de sorpresa solo lo vió él que la saludaba amablemente desde la estación: en la cartera estaba intacto el paquete de galletitas que ella había comprado antes de sentarse a esperar.
Autor: Anonimo
Adaptación: Javier Grinstein
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