Era un italiano que llegó a Buenos Aires en el año 1880. Trabajó en el cementerio hasta 1910. Al retirarse, compró con sus ahorros una costosa bóveda que custodió y limpió por los sucesivos treintas años. Orgulloso de su imprescindible actividad, volvió a Genova, su ciudad natal y allí se mandó a hacer una efigie de mármol suya, donde se lo puede ver con ropas e instrumentos de labor: vestido con un sombre y un pañuelo al cuello; junto a su escoba y su balde; su regadera, su plumero).
Cuando, de vuelta en Argentina, colocó el monumento en la bóveda que había adquirido y cuidado, este ya contaba con la fecha: "David Alleno, cuidador en este cementerio 1881-1910". Esto despertó la curiosidad de sus allegados quienes no recibieron respuesta alguna.
El día que terminó el mausoleo, David avisó en el cementerio que no volvería mañana; se dirigió hasta su casa y ahí se dio muerte de un disparo.

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