FIORELLA: Yo no soy
escritora. Nunca quise ser escritora. No creo que nunca vuelva a tipear jamás otra
historia en mi vida. Nunca me interesó la literatura. No me interesa que me
lean, que me digan que les gusta, que soy la nueva Julia Cortázar o que
discutan si tengo un estilo posmoderno o más bien clásico. No me interesa.
Si me decían
hace un mes… No, hace un mes, no. Hace más de un mes que iba a escribir me les
reía en la cara. Si llegué tan lejos, no fue por mis dotes artístico, de eso
estoy segura. No necesité de nada por el estilo para tener el trabajo, ni la
familia que tengo. No me interesó tampoco. Ni me interesa ahora. Quiero que algo quede bien en claro y es que
yo no soy ninguna escritora. Por más que haya escrito.
Y si escribí no
lo hice porque tenía algo que decir; o quería demostrar algo. No lo hice de
pasatiempos, ni de experimento. No lo disfruté, no lo estuve divulgando y por
sobre todas las cosas, no lo hice con facilidad.
Si escribí es
porque sola… No puedo.
No puedo. Pensé
que podía. Traté de mirar para otros lados. Pero por donde miraba estaba la
necesidad. Pensé que estaba hecha, resuelta, cómoda. Que todo seguía su rumbo
natural y yo hacia lo que tenía a mi alcance para que las cosas fueran un
poquito mejor cada vez. Cumpliendo cuando tenía que cumplir y disfrutando de no
cumplir cuando podía no cumplir. Pero… No puedo. De repente, me cayó, así, esto
del cielo. Se me cruzó por delante, robando mi atención. Pasó de largo y me dejó mirando para allá. Yo
ahora no puedo. Sola no puedo. Yo no pido que me entiendan. Yo no me entiendo.
Yo sé que antes era una cosa y ahora es otra. Desde que lo vi. Desde que
apareció así como si nada y desapareció de la misma forma por ese callejón
oscuro: estoy sola. Siempre estuve sola. Pero ahora me doy cuenta y la verdad
es que… no me reconozco y necesito ayuda.
Yo así no puedo. No puedo dormir, no puedo estar despierta. A penas
puedo trabajar y estar con otros. Pero siempre pensando en él. En el pez. (Hace
una pequeña pausa luego de esto).
Porque, ¿saben que es lo peor? Uno no sabe que busca
lo que busca hasta que lo encuentra y lo pierde; y esto ocurre siempre
muchísimo antes de tener la menor idea de cómo volver a encontrar lo que antes
no sabía que estaba buscando. Y si pensamos que tenemos esto ya claro, como yo
lo hacía, algo o alguien va a caer del cielo y, al fin, nos daremos cuenta
que en cualquier momento pasado, y desde antes de ese momento, también,
estuvimos equivocados.
Es por eso que,
después de que el pez, el ladrón, el hombre que cayó del cielo, apareció y se
borró, me dejó acá esta necesidad. Solo para darme cuenta de que es un fantasma.
No existe. Es el ser que no se puede encontrar y yo sola no puedo.
Por eso es que
escribí. No por otra cosa. Yo creé a alguien, a un ser astuto y perfecto, capaz
de encontrar en cada rincón una pista, para atrapar a quien sea. Alguien capaz
de hacerse con el pez más grande, pero para mí.
No hay comentarios:
Publicar un comentario