martes, 2 de abril de 2013

Extracto de Cinco Monólogos Inconexos



FIORELLA: Yo no soy escritora. Nunca quise ser escritora. No creo que nunca vuelva a tipear jamás otra historia en mi vida. Nunca me interesó la literatura. No me interesa que me lean, que me digan que les gusta, que soy la nueva Julia Cortázar o que discutan si tengo un estilo posmoderno o más bien clásico. No me interesa.
Si me decían hace un mes… No, hace un mes, no. Hace más de un mes que iba a escribir me les reía en la cara. Si llegué tan lejos, no fue por mis dotes artístico, de eso estoy segura. No necesité de nada por el estilo para tener el trabajo, ni la familia que tengo. No me interesó tampoco. Ni me interesa ahora.  Quiero que algo quede bien en claro y es que yo no soy ninguna escritora. Por más que haya escrito.
Y si escribí no lo hice porque tenía algo que decir; o quería demostrar algo. No lo hice de pasatiempos, ni de experimento. No lo disfruté, no lo estuve divulgando y por sobre todas las cosas, no lo hice con facilidad.
Si escribí es porque sola… No puedo.
No puedo. Pensé que podía. Traté de mirar para otros lados. Pero por donde miraba estaba la necesidad. Pensé que estaba hecha, resuelta, cómoda. Que todo seguía su rumbo natural y yo hacia lo que tenía a mi alcance para que las cosas fueran un poquito mejor cada vez. Cumpliendo cuando tenía que cumplir y disfrutando de no cumplir cuando podía no cumplir. Pero… No puedo. De repente, me cayó, así, esto del cielo. Se me cruzó por delante, robando mi atención.  Pasó de largo y me dejó mirando para allá. Yo ahora no puedo. Sola no puedo. Yo no pido que me entiendan. Yo no me entiendo. Yo sé que antes era una cosa y ahora es otra. Desde que lo vi. Desde que apareció así como si nada y desapareció de la misma forma por ese callejón oscuro: estoy sola. Siempre estuve sola. Pero ahora me doy cuenta y la verdad es que… no me reconozco y necesito ayuda.  Yo así no puedo. No puedo dormir, no puedo estar despierta. A penas puedo trabajar y estar con otros. Pero siempre pensando en él. En el pez. (Hace una pequeña pausa luego de esto).
Porque,  ¿saben que es lo peor? Uno no sabe que busca lo que busca hasta que lo encuentra y lo pierde; y esto ocurre siempre muchísimo antes de tener la menor idea de cómo volver a encontrar lo que antes no sabía que estaba buscando. Y si pensamos que tenemos esto ya claro, como yo lo hacía, algo o alguien va a caer del cielo y, al fin, nos daremos cuenta que en cualquier momento pasado, y desde antes de ese momento, también, estuvimos equivocados.
Es por eso que, después de que el pez, el ladrón, el hombre que cayó del cielo, apareció y se borró, me dejó acá esta necesidad. Solo para darme cuenta de que es un fantasma. No existe. Es el ser que no se puede encontrar y yo sola no puedo.
Por eso es que escribí. No por otra cosa. Yo creé a alguien, a un ser astuto y perfecto, capaz de encontrar en cada rincón una pista, para atrapar a quien sea. Alguien capaz de hacerse con el pez más grande, pero para mí.

No hay comentarios: